Estación Meteorologica Experimental
2025 - Investigación - Casa del Lago Unam - CDMX -
Viernes 2 de Mayo, Vevey. 2025
A todxs y a quienes acompañan este proceso
01. Una introducción
Qué es un texto curatorial, cómo se escribe y cómo se ve, cómo podríamos no usarlos para contar la historia de un objeto o producto cultural. He estado pensando que tal vez valga la pena contarles una serie de cosas que atravesaron mi mente al concebir lo que ahora se nombra como la “Estación meteorológica experimental”. No1
Quiero escribirles como si esto fuera una carta, una correspondencia, creo que así podríamos abrir un intercambio mas suave. Al final, nuestros proyectos son el resultado de una relación de eventos que atraviesan nuestrxs contextos, crisis y movimientos, de ahí van saliendo piezas que intentamos ensamblar mientras la vida sucede.
02. “Al principio fue el descanso” o “todo comenzó con una nota de voz que se transformo en ligas de zooms y triangulaciones en Whatsapp”
Las primeras palabras que llegaron a mis oídos fueron diseñar un espacio de descanso, la idea era dialogar con un huerto que existió en la casa del Lago en algún tiempo que aun no he logrado establecer. En mi última visita al espacio descubrí una espiral de hierbas aromáticas donde sobrevive un diseño con piedras volcánicas, rudas, romeros y Santa Maria si no me falla la memoria, también hay una serie de macetas con algunos residuos de semillas y hierbas pequeñas que debido a la ausencia de lluvias, aun no han brotado, en ese sentido a la fecha del 21 de abril que fue mi visita, todo se mantenía en estado de latencia. A lado del huerto había una enorme rama recién caída, cuya flor, según Carola, quien me acompañó ese día, olía a “galletitas”
La intención del espacio de descanso era reflexionar sobre cómo nos relacionamos con un huerto. También cuestionar quién tiene acceso al tiempo libre y dónde lo ejerce, especialmente en contextos urbanos marcados por desigualdades de clase y cercanía a espacios públicos.
Para eso plantee una serie de lógicas que buscaban integrar los elementos vegetales de este huerto más allá de su observación y consumo, las primeras ideas fueron hacer fibras y telas teñidas con plantas tintorias del lugar así como sahumerios para ambientes de olor y tés o tisanas relajantes para disponerlos al público e intentar inducir conversaciones o encuentros en el espacio.
Rápidamente esta idea cambio al darme cuenta de varias cosas, 1) quién iba a cuidar y gestionar esas interacciones y 2) el huerto que al principio se había presentando como un espacio en Casa del Lago se encontraba semi-abandonado y no contaba con vegetación suficiente para gestionar teñidos, sahumerios o mezclas de hierbas.
Cuando uso la palabra “abandono” me refiero a la distancia del huerto con interacciones humanxs, mas que a la ausencia de cualquier organismo, pues el lugar como cualquier bosque o ecosistema se encuentra entrelazado con presencias no humanas que no siguen las lógicas de cuidado de un parque o un jardinero, si no una gestión donde hay bichos, ardillas, gusanos, aves, y microorganismos subterreanos, a ellxs, tal vez es a quien les quiero dedicar e intentar hablar con esta pieza.
03. Antes de avanzar, un apunte sobre los jardines y Chapultepec
He estando obsesionado con la fundación del jardín como metáfora y estructura de poder que se contrapone al huerto y los espacios de siembra como la milpa. La palabra Jardín, en su etimología francesa viene de *Jart (huerto) y *Jart viene del franco *Gard Bardeado, aludiendo a una valla y separación que concentra a un espacio vegetal.
Ha sido ampliamente discutido la manera que cambiaron muchos jardines occidentales a partir de la llegada de los colonizadores al Abya Yala y cómo se modificó la relación con la naturaleza cuando biólogos y conquistadores se toparon con la inmensidad de la flora y fauna de las selvas y bosques de América. No es coincidencia que exista una relación entre las palabras selva y salvaje y que a partir de este miedo y necesidad de control se estableciera una división binaria entre “el hombre civilizado” urbano que controla la naturaleza en sus jardines y parques cercados y los “salvajes” que viven dentro y en comunicación con sus bosques y territorios.
Bajo este contexto, me parece interesante observar la hibridación del bosque sobre el cual se sitúa la pieza. Chapultepec —Cerro del Chapulín en náhuatl— como muchos otros terrenos en México, está atravesado por una multiplicidad de proyectos y tensiones entre lo público y lo privado. Es un lugar donde se despliega un proyecto cultural de Estado, donde existe un zoológico que un día recibió dos pandas donados por China en un gesto diplomático; un bosque que fue un cerro ceremonial, habitado por manantiales, zorros y venados, sobre el cual más tarde se erigió un castillo imperial y luego una zona de entrenamiento militar. Y, sin embargo, mientras todo eso ocurría, nunca dejó de ser hogar y refugio para aves, cacomiztles, tlacuaches, y otras especies animales.
04. Qué es una estación meteorológica
La primera vez que fui consciente de lo que en meteorología se conoce como precipitación pluvial fue una madrugada mientras dormía en casa de mis abuelos en Oaxaca. Mas o menos a las 3 de la mañana observé cómo una chancla se deslizaban por el piso. La señal era clara, el cuarto tenía aproximadamente diez centímetros de agua y nos estábamos inundando.
La precipitación se refiere a la cantidad de agua que cae en un lugar durante un tiempo y espacio determinado y suele medirse en milímetros. Por ejemplo, si se registran 5 mm de lluvia, esto significa que han caído 5 litros de agua por cada metro cuadrado de superficie. Cuando mi familia regresó a la siembra, conseguimos un pequeño pluviómetro para llevar el recuento de esas medidas y esto se volvió parte de un ejercicio cotidiano de notar la lluvia que caía en una temporada para planear las siembras de ese año.
En ese sentido, las estaciones meteorológicas son un conjunto de instrumentos que incluyen pluviómetros, termómetros para medir la temperatura, higrómetros para la humedad, anemómetros para la velocidad del viento y veletas para su dirección. Cada uno de estos dispositivos requiere en algún momento de la presencia humana para operarlos pero mas que nada para llevar un registro constante de los sucesos. Entonces, ¿por qué era complejo plantear todos estos instrumentos en la instalación de Casa Lago? La respuesta está en que, una vez montada la pieza, no era posible contar con alguien encargado de revisar diariamente los niveles del pluviómetro o de registrar electrónicamente el movimiento de las veletas.
Esta limitación revelaba un cuestionamiento que me acompaña desde hace tiempo en mis proyectos y tiene que ver con pensar que significa “estar presente” y poder observar los cambios en un territorio.
Si bien las estaciones meteorológicas se han vuelto herramientas muy útiles para medir y predecir posibles lluvias y observar fenómenos atmosféricos, me interesa pensar en otras tecnologías ancestrales y formas sutiles de estar al tanto de los cambios climáticos y el paso del tiempo, tanto en nuestrxs cuerpx como en la manera que decidimos prestar atención y estar en el mundo.
05. Otras formas de medir el tiempo (Las *cabañuelas, los nidos de las oropéndolas y las espirales de las hormigas)
* Las cabañuelas son una tradición ancestral que consiste en observar y analizar los fenómenos meteorológicos durante los primeros días del año, para intentar predecir el comportamiento del clima”
Para muchos campesinos, salir durante los primeros doce días del año a observar el cielo* se ha vuelto una forma de prepararse para la siembra de la milpa. Sin embargo, los cambios climáticos, el aumento de las temperaturas y los incendios forestales han modificado radicalmente estas observaciones. También han alterado la migración de ciertas aves y el hábitat de otros animales. Estos cambios han hecho que las cosas que antes se reconocían como señales claras en un territorio, como la manera que ciertas hormigas mudaban sus hogares antes de las lluvias o la longitud de los nidos de las oropéndolas, cambiaran de significado.
Teniendo esto en mente creo que es necesario ajustar la mirada a partir de los cambios acelerados de la industralización en los campos de cultivo y en los ecosistemas que nos rodean. ¿Qué nueva señales se vuelven disponibles y estamos codificando en medio del concreto? ¿Qué plantas o cielos anuncian hoy la lluvia? Y ¿Qué presencias —de hongos, insectos, ardillas u otros organismos— nos hablan desde las banquetas o en medio de los juegos infantiles de un bosque rodeado por avenidas y edificios gigantes?
06. ¿Para ver los cambios hay que estar?
Tal vez me haya tomado más tiempo del necesario llegar a este punto. Se supone que esta era una carta para contarles qué creo que es esta pieza. De pronto —y casi sin darme cuenta— ya estaba citando y haciendo notas al pie de página. Una mala costumbre de la academia supongo.
En general pienso que la obra surge de dos lugares:
Por un lado, de la imposibilidad de estar presente y registrar los cambios y variaciones de un territorio durante una temporada de lluvias. Algo que me habría fascinado explorar era la idea de que el bosque permanece sin contacto humano durante la noche, creando una fauna nocturna y un ambiente acústico diferente al que un visitante esta acostumbrado, sucesos que hubiera sido interesante registrar con una cámara trampa y unos micrófonos incorporados a la estación.
Por otro lado, esta ausencia me hizo comenzar a pensar en la independencia de la estación: en cómo podía proponer materiales y objetos que fueran sensibles a la humedad, la oxidación, el viento y las lluvias que se avecinaban en la ciudad. Paralelamente, seguía dándole vueltas a la idea del descanso como una forma de presencia y en como crear puentes con los agentes humanxs y no humanxs que visitaran la estación.
Para ello imaginé una serie de elementos que funcionarían como remplazos a las herramientas tradicionales de una estación meteorológica, sustituyendo pluviómetros, veletas y termómetros por objetos que siguieran otros modelos de observación y registros no científicos.
Entonces, la estación está compuesta por tres módulos que contienen los siguientes elementos:
— Una serie de recipientes de barro diseñados para captar agua de lluvia y funcionar como bebederos y comederos para aves.
— Una seria de Terrarios y dos estanques para polinizadores con semillas, ramas, rocas y tierras, resultado de la recolección y caminatas por diferentes secciones del bosque de Chapultepec realizadas por el artista Karel Munnuzuri.
Para mí, el gesto de integrar elementos que ya forman parte del bosque responde al deseo de no introducir ni plantar especies ajenas, sino solamente reconfigurar y entendernos con el ecosistema que ya existe. Quería que el crecimiento de los terrarios respondiera a la cantidad de lluvia que cayera durante la temporada de la exhibición, funcionando así como indicadores de humedad y germinación de las semillas y tierras del parque.
La estación también incluye una serie de dispositivos que buscan dialogar con el viento, como unas veletas construidas con carrizo que indican la dirección y las corrientes, así como unas esculturas que funcionan como campanas sonoras. Estos elementos no registran datos preciso sino permiten a los visitantes estar al tanto del viento y sus movimientos y a través del sonido integrarse a los los cambios sutiles en el ambiente.
07. A manera de cierre
Esta estación meteorológica experimental no mide el tiempo, sino que lo acompaña. No registra datos científicos, pero recoge otras señales: las huellas del agua, el descanso de las aves, el paso invisible de quienes, humanxs o no, habitan el bosque. De manera extraña, estoy mas emocionado por el desmontaje que por la inauguración, por ver como atravesó el tiempo a los materiales.
Un abrazo desde unas montañas que están algo lejos
-Miguel
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